Desencuentro

 

 

 

 

 

Cuando Asami se presentó detrás de Feilong en su barco, su posición era amenazadora, el arma en su cabeza había sorprendido a FeiLong quien consideraba que no habría persona en el mundo que pudiera acercársele de nuevo; mucho menos si esta persona era Ryuichi Asami.  Primero lo invadió una sensación de enojo que supo muy bien de donde provenía.  Le molestaba sobremanera, hacía que se sintiera asqueado y que todo se remontara a siete años atrás.  De nuevo.  Siete años en los que había vivido con la certidumbre de lo que Asami había hecho con él, la cicatriz en su pecho era prueba de ello, pero también siete años en los cuales él no había podido descifrar los pocos días en que habían compartido.

No se movió como el otro se lo había indicado; no porque temiera por su vida, sino porque aún seguía sin entender el cómo Asami le había alcanzado.  Se suponía que en su bote nadie más que él tenía el control, y Akihito…él muchacho debería estar en camino hacia Asami, qué habría pasado entonces con el jovencito que hacía que Asami estaba buscando.

Feilong decidió moverse de todas maneras, no había forma en que Asami le hiciera algo en realidad.  Además, ese era su territorio, si algo le ocurría a él, no habría forma de que el japonés saliera vivo de allí.

“¿A qué debo el honor, Asami?”  Comenzó Feilong a hablar mientras se sentaba en el sofá donde hubiera estado sentado antes mientras hablaba con Akihito.  Asami le vio moverse, manteniendo la postura de sus manos con el revólver en ellas, hasta que las bajó lentamente, más no regresó el arma a su lugar bajo la chaqueta de su traje.  “Creí que ya estarías con Akihito…me preguntó como es que eso no ha ocurrido.”

“¿Dónde está él?”  El otro respondía con frialdad.  Veía a Feilong y él mismo parecía no comprender el por qué se enfrentaban cuando él jamás le había deseado ningún mal.  Feilong sin embargo, pensaba diferente; él lo sabía, pero no diría algo al respecto.  “Creí que nuestro acuerdo sería que me lo entregarías a él a cambio de la deuda del casino—”

“Lo hice, si lo perdiste es sólo tu culpa.”

“No juegues conmigo, Feilong.”

“Vaya, y yo que creía que te gustaban los juegos, Asami.”

Asami levantó su ceja y una mueca se dibujó en su rostro.  Sí que le gustaban los juegos, y ahora, aunque en realidad no tenía tiempo para ello ya que su cerebro le decía que algo muy malo estaría pasando con Akihito, se decía que todavía podía jugar un poco con Feilong.

Se acercó hacia donde Feilong se encontraba y se dejó caer suavemente a su lado.  El Chino no se movió un ápice al verle hacer a gusto y mucho menos se sobresaltó cuando Asami puso su mano sobre su muslo.  Sin embargo, en su interior, Feilong parecía estar quemándose.  De nuevo en su mente se volvieron a cobrar vida los recuerdos del pasado que hubieran compartido juntos y él se dejó hacer a medida que Asami movía sus manos por su muslo y hasta su entrepierna.  Aún en su cuerpo revivían los recuerdos.

“Feilong…”

“No me estás forzando.”

Asami asintió y movió su mano un poco más arriba atrapando con ella los genitales de Feilong.  Eso les desbordaría y cuando terminaran, sabían que en realidad se odiarían.  Asami dejó lo que hacía por un instante y se dedicó unos instantes a acariciar la sedosa cabellera del otro; había escuchado cuán corta había quedado después de que la policía se lo llevara del hospital directamente a la cárcel y el mismo Yoh en aquel entonces le había presentado reporte de ello.  Tomó la punta del manojo de pelo que tenía en la mano y la llevó a sus labios.  Por el rabillo del ojo notó cómo Feilong cerraba los ojos y justo como lo había dicho, no estaba siendo forzado.

Asami evitó todo el tiempo besarle en los labios.  Su piel serviría por el momento, y supo lo cierto de ello cuando sintió cómo Feilong temblaba, aunque su rostro permaneciera impasible.  Asami se incorporó, alejándose de Feilong, quién se quedó mirándole sin comprender. “¿Tanto sientes por él?” preguntó, ésta vez dejando que sus emociones fueran visibles.  Aún a pesar de tanto tiempo, Asami aún podía excitarlo y le era muy frustrante el saberse burlado de nuevo; “¿por qué no—?”

“No.”  La voz tranquila de Asami le detuvo.  Feilong ya buscaba el arma que le acompañaba siempre y la amenaza se quedó a medio decir.  El tiempo pareció detenerse con él, pues el barullo afuera de ese camarote desapareció también.  “Nunca quise dañarte, Feilong…” El ceño del Chino se frunció con enojo con enojo y sus labios se curvaron con amargura.  Quiso responder, empuñar el arma y permitir que el cañón se disparara una y otra vez hasta que su odio desapareciera y su venganza fuera saciada.

Pero antes de que pudiera reaccionar, Asami ya se acercaba a él de nuevo, y tomaba su rostro con sus manos.  Esta vez, el Japonés le besó con desenfreno.  Feilong respondió pos instinto, su lengua buscando la de Asami, perdiendo el control por completo.  “Tanto y más siento por ti, Feilong, y que te lo diga, es más de lo que Akihito podrá conseguir de mí.”  El mayor suspiró en contra de sus labios antes de enlazar sus dedos en el largo cabello del jefe de la Casa Liu, “pero no te voy a permitir que le hagas algo.”

Feilong cayó al suelo, su cuerpo resonando en el espacio con un golpe seco.  Sus piernas volvían a fallar, ésta vez no sintió la desazón del pasado, sólo rencor.

“Ustedes son muy parecidos,” dijo Asami al abrir la puerta para salir, “él tiene el ímpetu que tú tenías antes de que tu vida cambiara, por eso más te vale que Takaba salga ileso de esto.”  El japonés se giró a mirarle una última vez; “Cuando en verdad quieras matarme, sabes donde encontrarme.”  Segundos más tarde, la puerta se cerraba tras de Asami.


 


Ariadne, Septiembre 11 de 2007


 


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