Escrita para Saint Seiya Eternal
Pérdida.
El hombre caminaba en silencio por los alrededores del Santuario. No sabía que le motivaba y menos aun qué era aquello que aún le permitía mantenerse en pie. Sólo comprendía lo que su silenciosa alma parecía gritarle, mientras simplemente le recordaba que era en esos momentos en que más necesitaba de ella.
Era al seguir sus pasos cuidadosamente como él descubría poco a poco el lugar al cual se dirigía. Era el contar cada uno de esos mismos pasos lo que le hacía revivir cada momento vivido al lado de los demás. El por qué todo eso había empezado a llegarle sin aviso y tan bruscamente, aún no lo comprendía.
Milo suspiró ante sus propios pensamientos. La batalla acababa de terminar, los caídos ahora se encontraban buscando su camino por el Hades y hasta Eliseo. Y él—él junto con los que permanecían vivos, se había dedicado a pretender que nada había ocurrido en realidad porque Atena estaba de regreso entre ellos y era sólo ella quien mandaba sobre sus vidas.
Ese juego ya le tenía hastiado. Nada, ni Atena ni nadie podía reemplazar el vacío que se sentía en el lugar ante la muerte de los otros Santos. No importaba que hubiera nuevas voces llenando los recintos. No importaban las nuevas almas que ahora reclamaban Santuario como suyo.
Nada valía la pérdida que él y Santuario habían sufrido.
Ariadne, Febrero 05 de 2006