A Pollux Dioscuros
Hijos de la Luz
Cómo había llegado a convertirse en aprendiz de Mu, era algo que Kiki aún no comprendía. Podría ser, según sus cálculos, el hecho de que eran similares en casi todo—al menos físicamente hablando. Podrías ser también el hecho de que pertenecían a la misma raza de personas con extraños puntitos en la frente, como les había dicho Seiya alguna vez.
Pero lo que más le hacía pensar era el hecho de que en su personalidad, Kiki sabía que distaba mucho de su maestro. Su jovialidad contrastaba increíblemente con la seriedad y siempre calmada imagen que Mu transmitía a quienes le conocían. Eso le hizo que se sonrojara un poco.
¿Acaso era él digno de la armadura de Aries en un futuro?
En esto, se la pasaba Kiki en sus ratos de ocio, sopesando sus incoherentes—o tal vez no tanto—pensamientos, mientras Mu le observaba en la distancia. El chico, Mu sabía, se pasaba sus ratos libres en juegos, o buscando a los caballeros para hacerles preguntas que ninguno sabía responder, y verle así tan meditabundo le parecía por demás curioso.
“Kiki, trae la próxima armadura que debemos reparar!” Ordenó Aries todavía serio.
El jovenzuelo trajo ante su maestro los restos de la armadura de Capricornio que había sufrido daños luego de la batalla de las Doce Casas. Aunque parecía en buen estado, Mu aún la miraba de soslayo buscando los posibles desperfectos que habría que reparar, encontrando que en realidad, era una tarea que distaba mucho e ser complicada.
“Notas algo, Kiki?”
El muchacho había estado observando la armadura a su vez, prestando atención a los detalles que quizás Mu ya habría descubierto. Dedicándose a ella un poco más de lo acostumbrado.
“¿Kiki?”
“No noto mayor desperfecto, Maestro Mu.”
“¿Por qué insistes entonces en buscar lo que no está mal, Kiki?” El hombre respondió, sonriendo. Su cosmos confirmándole a su aprendiz que habían cosas en las que era mejor no tratar de ver más allá, justo como las dudas que le aquejaban y que no le permitían ver que era justo él, el único que podría algún día portar la armadura de Aries.
Kiki sonrió aliviado.
Ariadne, Diciembre 25 de 2005