Flores
Sin importar lo que su Amo hubiera hecho, él aún cuidaba el jardín de Piscis. Sabía que las rosas eran de gran importancia para los dueños de la Casa y él, Kratos, honraría a su Amo, Afrodita de Piscis.
Él podía cerrar sus ojos y sentir al otro unos templos más abajo. La túnica estaría perfectamente puesta. Las sandalias y el resto de su indumentaria harían juego. Su propio escudero habría peinado su cabello para esa hora. Kratos sabía muy bien cuán vano todo eso podría ser y el Amo del Octavo Templo no era la excepción.
Los pasos eran ahora claros en medio del silencio del Sagrado Templo. Cada una de las flores había sido cuidadosamente seleccionada, ya que cada una serviría a un propósito diferente. Kratos había arreglado seis bouquets diferentes para seis personas diferentes. Pronto, se retiró a sus aposentos.
Cuando Milo caminó hasta el centro del Templo, encontró las flores pulcramente organizadas alrededor de la Armadura de Piscis. Después de sonreír débilmente, las recogió y sostuvo entre sus brazos, como si llevara algo preciado.
Sólo uno con bondad en su corazón podría pensar en las almas de aquellos que habían partido a la Tierra de Hades para morar en ella. Pero, sólo uno con amor y entendimiento en su interior, podría llevar la carga que otros no habían querido para sí.
Milo respiró pesadamente a medida que ponía cada bouquet en las tumbas enfrente suyo. Uno para el Maestro de la mente desviada y el corazón amable, “Saga…” Una para el Maestro que buscó la Justicia a través del poder y había perdido su sanidad “Máscara…” Una para el Maestro que había cambiado su vida por la de su Diosa, “Aioros…” Una para el más fiel entre ellos, cuyo corazón se había confundido y había conocido la traición, “Shura…”Una para el amigo que había amado como a un hermano, “Camus…” El bouquet final para el Maestro del ultimo Templo, a quien cuyo escudero cuidaba aún después de haber muerto. “Afrodita…”
“Descansen todos en paz.”
Ariadne, 2005