Encuentros Inesperados.

 

 

 

 

 

De nuevo, Marin se había dirigido a la playa buscando estar sola.  Ya no estaba con la tarea de ser maestra y esos momentos de descanso eran lo único que la llenaban en realidad.  Para ella, el Santuario se había convertido en un lugar que no sólo era aburrido.  Ya no tenía nada que le fuera atractivo.

Suspiró resignada a sus pensamientos.   Era blasfemia, lo sabía.  Era inadecuado pensar que tal vez, por un momento en su vida, encontraría algo más allá de lo que ya tenía y tal vez, podría sentirse cómoda en el lugar una vez más.

Seiya ya no era parte de su vida.  Su inexistente amistad con Shaina se limitaba a forzadas reuniones últimamente y eso no ayudaba a la creciente tensión entre ellas.  Un nuevo suspiro, y la mujer emprendió su camino hacia el mar.

Al caminar en la playa, dejando el mar abrazarse a sus pies, Marin sonrió.  Esa sensación de lejanía que le provocaba estar en ese lugar, le producía una paz infinita que ella disfrutaba sobre manera.

Se detuvo en medio de su camino al reconocer la figura que estaba de pie a unos metros de ella.

“No sabía que podían salir del Santuario.”  Se dirigió a él a sabiendas que tal vez estaba cruzando una línea delgada que los separaba.  Aioria sonrió, mirándola comprensivo.  Desde que las amenazas al Santuario habían terminado, ya nada les impedían caminar libremente por donde quisieran.

El hombre no dijo nada, simplemente le ofreció su mano para que le acompañara en su propia caminata. Marin la tomó gustosa.  Por lo menos su vida parecía empezar a tomar rumbo de nuevo.

 

 

 


Ariadne, Diciembre 25 de 2005


 


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