58. Cena

Personajes: Saori Kido, Julián Solo y Shaina.

 

 

 

 

 

Desde que hubiese regresado a Japón, Saori no había escuchado palabra alguna acerca de Julián Solo.  Era—literalmente—como si se lo hubiera tragado el mar y nadie daba razón de él.  Era cierto que hacía mucho que no se veían, que después de todo lo sucedido entre ellos, esto en realidad hubiera sido poco probable, pero aún así…Saori jamás se esperó que Julián simplemente desapareciera de la faz de la Tierra.  Sorrento, tampoco daba señales de vida.

Desde el Santuario en Atenas, Mu y los demás sobrevivientes buscaron en las propiedades de Julián Solo a ver si hallaban algún rastro del muchacho, pero nada.  Nadie daba una sola razón de él, por lo que con el paso de las semanas el asunto terminó siendo olvidado.

Un día, Shaina iba caminando por la plaza de Rodorio.  En ese pueblo, las personas estaban acostumbradas a verles todo el tiempo, por lo que aún verla caminar por allí con su máscara sobre el rostro no era una novedad.  Por el contrario, en el lugar todos conocían a las amazonas de plata más destacadas de Santuario y se preguntaban si habría alguna que llegara a obtener una armadura de Oro como había ocurrido en el pasado, a lo que tanto Marine como ella respondían que estaban bien en el lugar que ocupaban y que no aspiraban a más.  Esa mañana, Shaina se encontraba en la tienda que abría el paso hacia Santuario cuando un hombre se le acercó.

La mujer se giró bruscamente en cuanto él estuvo a su altura y le reconoció de inmediato.  Sorrento de Sirena, Shogun de Poseidón se presentaba ante ella.

“¿¡Qué haces aquí?!”  Preguntó Shaina, su voz mostrando si enojo.

“Vengo con un mensaje de mi Señor, Amazona de Atena.”  Respondió él tranquilo.

“¿Tu señor?!”
          Sorrento no dijo nada más, simplemente acercó su mano hacia Shaina, entregándole un sobre de color azul pálido y que tenía su nombre escrito en letras hermosamente decoradas.

“Querida Shaina,

Me complace invitarle a cenar conmigo esta noche.  Sorrento le entregará algo que me gustaría que llevara al venir a mi mansión.  Sorrento la conducirá hasta ella.

Por favor, me honraría si no portara su máscara cuando venga a mi encuentro.

Poseidón.”

La mujer levantó el rostro y vio a Sorrento a través de su máscara con incredulidad.  Sirena ya le estaba ofreciendo un paquete para que ella abriera.

“Esto es una broma, ¿verdad?”

Sorrento meneó su cabeza diciendo que no; luego sonrío.

 

 

 

 

 

 

Ariadne, Septiembre 30 de 2007

 


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