52. Fuego
Personajes: EL Santo de Fuego
Advertencias: Desvaríos como siempre.
No fue que Ikki le hubiera vencido. Ni que su cosmos se hubiera apagado. Fue sencillamente que el fuego en su interior dejó de brillar. Había algo sobre la mujer en la cabaña, algo divino que le había hecho dudar, quizás esa era la razón para que su energía se extinguiera.
El Santo del Fuego no pudo evitar la mueca de dolor que se formó en su rostro a medida que ese mismo fuego terminaba de consumirlo. Podía culpar de ello a Ikki, decir que eran las llamas del ave inmortal las que le quemaban a pesar de estar muriendo. Podía, pero no iba a hacerlo.
Era su propio cosmos el que se estaba metiendo bajo su piel y hasta su alma. Eran sus miedos, sus certezas, su deber hacia el santuario y su desprecio hacia el mismo lugar lo que estaban causando su muerte.
Quiso luchar, fuego contra fuego. Quiso buscar razones, decidir sobre su propio destino, pero no pudo encontrar una sola palabra en todo su repertorio que pudiera darle algo de fuerza. Él era el fuego mismo, y sin embargo, era por él que ahora su fuerza vital le abandonaba.
Irónico, ¿no?
Abrió los brazos y se dejó abrazar por las llamas. Llamó el nombre de Atena quedamente y cerró los ojos. Quizás sí había en el mundo algo de justicia divina y era hora de pagar por los errores que alguna vez hubiera cometido. Por subestimar a un hombre que viviría su vida cubierto por las llamas eternas del fénix inmortal.
El Santo de fuego se dejó llevar por el calor ardiente. No luchó un instante más. Siempre se debe respetar aquello que es más grande que tú mismo.
El Ave Fénix le había vencido.
Ariadne, Julio 22 de 2007