042. Triángulo
Personajes: Shun de Andrómeda
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Caminaba de un lado a otro de la barraca que le servía como cuarto. June no estaba cerca, lo cual era muy bueno, ella no estaría a su lado mirándole con cara benevolente y recordándole lo frágil que era; y por supuesto, Reda y Spica que seguramente estaban tan molesto con él que tratarían de hacer algo en contra suya. La verdad, él mismo no estaba seguro de lo que había sucedido.
Hacía tan sólo un par de días que había sido sometido al juicio de la armadura y Andrómeda le había escogido. Aún podía sentir las fuertes cadenas firmemente cerradas contra sus muñecas, el agua del océano cubriéndole mientras le forzaba a respirar y el sentía que no podía, que sencillamente, el agua era demasiado poderosa para él. Que jamás le vencería.
A pesar del temor y desconcierto en su corazón, su cosmos había explotado. Se había elevado por encima de lo que él había llegado a experimentar alguna vez y le había protegido. Y ese mismo cosmos había brillado en tonalidades de rosa y púrpura y una galaxia se reflejó en él y en cuanto Shun la había visto y se había maravillado ante ella, ésta le había reclamado como suyo. El poder de millones de estrellas vivía en él a través de Andrómeda.
Aún con la certeza de que la armadura era suya, Shun no podía conciliar el sueño, no podía pensar en nada que no fuera ella, no podía considerar nada más que no fuera Andrómeda en frente suyo. Allí, puesta en su caja de Pandora sobre la mesa de su habitáculo. Eran perfectas las formas forjadas en sus lados, la cadena que al halar la abriría, le invitaba a que lo hiciera. Sólo la había tenido puesta aquella vez, justo en el momento en que le cubrió aceptándolo, ahora—tenía miedo de acercarse siquiera.
Seguía sin saber cuál era cuál. Ya Albiore le había dicho—¿mil veces?—que algún día tendría que usar la cadena triangular, que no podía quedarse defendiéndose para siempre.
Que algún día tendría que pelear.
Quería poder mantenerse en su posición de no luchar. ¿Cuánto había pasado desde que hubiera ganado la armadura? ¿Una semana? ¿Dos? En silencio, le hablaba al tiempo y le pedía que se detuviera.
‘En la tercera luna llena, Shun…’ Albiore le dijo, ‘tendrás que presentarte ante mí y enfrentarme. Haber ganado la armadura de Andrómeda no lo es todo. Ahora tienes que demostrarme la virtud que ésta vio en ti’.
Shun, estaba aterrado. Si lo que su maestro le decía era cierto entonces…Andrómeda le abandonaría.
Ariadne, Abrl 24 de 2007