33. Demasiado
Personajes: Fler.
La mujer gritó con toda la fuerza que había en sus pulmones. Sus gritos resonaban en contra de las paredes del palacio de Valhala.
Los criados se miraban entre ellos, buscaban comprender qué era lo que le estaba pasando a la Señorita Fler. Hilda temía acercarse. Esos momentos en que su hermana explotaba de esa manera y parecía perder todo decoro y control sobre sí misma la hacían retraerse y prefería dejarla hacer a sus anchas.
“¡Déjenla!” gritó a su vez la sacerdotisa en el momento en que Hagen y Siegfried quisieron acercarse a las puertas de la habitación de la joven. Ella misma se detuvo enfrente de la puerta, quiso tocarla, sus largos y delicados dedos moviéndose suavemente sobre la gruesa madera. “Fler…hermana…” susurró ella con tristeza. Al marcharse todos, Hilda se dejó caer, cubriendo su boca con su mano, buscando acallar los sollozos que la ahogaban.
En la habitación, Fler empezaba a controlarse un poco. Se sentía cansada, harta del lugar que la rodeaba. Sentía que se ahogaba allá mismo, encerrada en un cuarto que ni siquiera era suyo. Pertenecía a la nobleza de Asgard, a la casa con la más alta jerarquía y sin embargo se sabía presa de esas cuatro paredes que Hilda llamaba hogar. Parecía, se decía, que si miraba a su alrededor, esas mismas paredes se encogerían sobre ella y la atraparían y ella jamás podría salir de Asgard.
Sin embargo, no era eso a lo que le temía. Fler vivía aterrada de ser quien era. De ser la hermana menor de la alta sacerdotisa de Asgard. De la heredera de Odín. ¿Quién era ella, Fler? No era más que una imitación sin sentido de su hermana mayor. Esa era la peor sensación para ella. Saber que por más que lo intentara, jamás tendría valía por quien era. Ella jamás sería Fler, sacerdotisa de Asgard. No poseía el cosmos. No poseía el espíritu.
La mujer buscó respirar profundamente. El aire en realidad le faltaba. Y de nuevo gritó buscando liberarse definitivamente.
Ariadne, Enero 12 de 2007