04. Interior(es)
Personajes: Maestros Dorados y sus aprendices
Meditar implicaba silencio; dejar que el alma se acallara a tal punto, que te convertías en el aire a tu alrededor, en al agua que gota a gota caía por el arroyo hasta la pequeña laguna. En el aire y en el viento mismo.
Meditar implicaba que el mundo que giraba contigo alrededor del sol, se detenía y en ese instante, podías verlo todo como era en realidad y te enterabas, que no eras más que un átomo más de la inmensidad que forma el universo.
Meditar implicaba quedarse absorto en tu propio interior, sin importar si eras el primer Santo, el de Aries, o el último, el de Piscis. Era concentrarte en ti mismo, en tus cosas buenas y malas; en analizarlas para ser mejor cada día, en conocerte al punto en que sabías y reconocías la bondad y la maldad que habitaba en ti mismo. Era tornarse hacia la manifestación de la Diosa en tu interior y su bendición.
Por eso, todos los días a la misma hora, ningún aprendiz podía salir de su templo; así los Maestros se aseguraban de que éstos aprendieran.
Ariadne, Octubre 11 de 2006