Nosotros

 

 

El viento silbaba violento fuera de los dormitorios. El invierno arreciaba y el estar en los calabozos de la Casa Slytherin no ayudaba mucho a permanecer caliente. Menos aún después que el fuego de la chimenea se hubiese apagado y él ni siquiera se inmutara por ello. La verdad era que no le importaba. Su ser vagaba en esos momentos en otros lugares; lugares donde no existían familias, ni Howgarts y sobre todo no existía él, Harry Potter.

Tal vez de esa manera, sólo tal vez, podría seguir con su vida, porque en esos precisos momentos no encontraba cómo.

Harry Potter empezaba a convertirse en una obsesión. Lo peor era que ya llevaba varios meses de esa manera, y le preocupaba no saber qué hacer para cambiar su situación. No quería sentirse así. Hacía ya muchos días que no lo veía y no quería empezar a extrañarlo. Pero tampoco podía evitarlo.

Draco Malfoy estaba sentado en una de las ventanas de su cuarto. Su cabello platino era ahora un poco más largo y caía sobre sus hombros. Sus facciones eran ahora mucho más acentuadas y el garbo y elegancia de los Malfoy era más notorio en él. Pero dentro de él, había algo que estaba cambiando desde hacía ya algún tiempo. Ese cambio era su desmedido odio hacia “el Chico que Vivió”; cada vez que lo veía, ya no deseaba hacerle daño, al contrario, sentía la horrenda necesidad de protegerlo.

No sabía en qué momento había sucedido. Tal vez, después de que en la última ocasión las maldiciones de Voldemort casi le alcanzaran y después de haber experimentado el peligro en su propia piel, se diera cuenta de lo que él mismo estaba haciendo, y que por primera vez en su vida se sintiera mal al respecto.

Y definitivamente, no le había gustado para nada ser el blanco de la magia de su propio padre, aunque hubiese sido por error.

El joven suspiró y se levantó del lugar, la noche estaba ya muy avanzada y el cansancio a causa del entrenamiento de los últimos días empezaba a pedir compensación. Mucho más desde que sus maestros también le tuvieran lleno de deberes de manera que pudiera salir de Howgarts antes de que el verano comenzara.

Así que más estudio u más preparación para el Quidditch no le estaban ayudando mucho. Ahora tenía incluso bolsas oscuras bajo los ojos y había empezado a perder peso. Al detenerse en frente del espejo y ver la imagen que éste le devolvía, sintió pena de sí mismo; y se alejó lo más pronto posible, todos esos pensamientos inundando su cabeza. Haciendo que cayera dormido más rápido.


 

* * *


 

“Harry, tienes que terminar tus deberes, no puedes seguir así.”

“Lo sé Hermione, pero no puedo seguir así tampoco, estoy exhausto, y—sabes que el pergamino con la explicación de la poción para Snape—que por cierto no he podido terminar—me está tomando más de lo normal, lo demás tendrá que esperar.”

“Harry—"

“Hermione, por favor! No puedo reprobar la clase de Snape. Tengo que concentrarme en esto, lo entiendes, ¿verdad?”

“Claro que sí, sólo prométeme que si necesita algo me lo harás saber, ¿ok?”

El muchacho sonrió y se levantó del escritorio de la sala común de los Gryffindor, tomó su capa de invisibilidad y se alejó rumbo ala biblioteca, decidido a terminar la bendita poción.

Estando allí, Harry se dispuso a trabajar en la Sección de Pociones, buscando específicamente lo que Snape le había pedido ¿por qué su Maestro tenía que odiarlo tanto?

Se sentó en una de las mesas y empezó a bajar los libros donde creía que encontraría lo que necesitaba, sin notar que en la misma mesa a unos pasos suyos, estaba una capa que brillaba en verde y plateado. Se sentó a buscar las pociones y la información que necesitaba cuando sintió que algo resbalaba y caía muy cerca de él. Dejó la pluma en el tintero y puso un libro que sostuviera el pergamino para que no se cerrase y la vio. Una capa de Slytherin.

La tomó y se quedó con ella en las manos. ¿Desde hacía cuanto no le disgustaban esos colores? No eran sus favoritos por supuesto, pero tampoco le desvelaba poder tocarlos. La capa era de seda al igual que la suya, de Gryffindor, pero esta era diferente. Era como la piel de una serpiente, lisa, más que perfecta y recordó que él mismo tenía una conexión con esa Casa, a fin de cuentas, casi es determinado que perteneciera allí.

Instintivamente la levó hasta su nariz, aspirando el olor que había en ella Le recordaba a alguien pero no alcanzaba a saber a quién pero tampoco le importaba, la sensación de alivio que sentía era todo lo que necesitaba.

Pero la capa resbaló de su mano también y al recogerla pudo leer Draco Malfoy pero no supo por qué no la arrojó lejos de él. Solo supo que al sentarse de nuevo a continuar con sus deberes, la dejó sobre su regazo y siguió escribiendo con el pergamino con más ganas.

Sin darse cuenta, la tarea de Snape estaba terminada.

 

* * *

 

Aún no entendía cómo algo tan fútil le había servido para terminar tan pronto. Buscaba analizarlo todo; motivación tal vez? Sería cuando su mano acariciaba la seda mientras que la otra seguí escribiendo o habría sido acaso la sensación de tranquilidad que el objeto le había proporcionado.

Tranquilidad—eso le había gustado. Pero, ¿por qué la había sentido? ¿por qué precisamente esa sensación? ‘ Draco Malfoy' recordó que decía en el interior de la capa; en ese preciso momento algo se activó en su ser; ¿por qué ese nombre empezaba a afectarle tanto?

Llevaba ya horas dando vueltas en su cama; recordando, sopesando la información que tenía a la mano. Abrazado a la capa que le pertenecía a su enemigo. Sintió un tirón en su estómago cuando pensó en ello. ‘Enemigo'. La palabra le llegaba pero no se ajustaba a quien se la dedicaba; porque en medio de sus recuerdos estaba el que el invierno anterior, el joven de cabellos plateados y mirada altiva, se hubiese puesto en el medio de un ataque de su padre a él, y que este ataque le acertara justo en el pecho. Recordó también que por semanas, Madame Pomfrey evitaba que sus amigos le visitaran alegando que aún se encontraba delicado—y él nunca le había preguntado qué le había sucedido ni se lo había agradecido.

Draco Malfoy le había salvado.

Aunque él mismo aún no supiera el por qué el otro lo había hecho—ni se atreviera a preguntarlo tampoco. Algo había cambiado desde el día en que Draco le había ayudado. Él lo veía de una manera diferente.

Ahora reconocía el olor. Por supuesto, se dijo; si era su capa debía oler a él. Y no era un olor como cualquier otro. Llevó un trozo de la misma hasta su nariz y se perdió en el olor profundo de la capa; descubriendo que no le desagradaba en lo absoluto. Haciendo de es capa, su fetiche.

Esa noche, Harry Potter no durmió en lo absoluto. A fin de cuentas, se decía, tenía que entender el por qué.


 

* * *

 

El agua corría por su cuerpo acariciándolo suavemente, pese a que esa mañana en particular, la estaba usando más fría de lo acostumbrado. El jabón recorría su cuerpo, escondido bajo sus ahora maltratadas manos. Tengo que descansar, se repetía, o me volveré loco.

Cuando la mano pasó por su pecho, la dejó allí, inmóvil sobre la cicatriz que nunca desaparecería. Al menos de la suya nadie sabía. No era un trofeo que se sintiera a gusto enseñando. Pronto se estaba secando y vistiéndose, no quería ver esa fea cicatriz nunca más.

Se vistió rápidamente, pero ese día no pudo encontrar su capa favorita, así que tuvo que tomar otra que no le agradaba tanto, ya más tarde se encargaría de buscar la que tenía perdida.

Tenía que apurarse a su clase con Hagrid, luego vería a Snape y por último a la Maestra McGonagall y al Director Dumbledore. El resto del día sería Quidditch.

Su mano rozó la cicatriz de nuevo y recordó al Gryffindor, muy a su pesar. N quería hacerlo, pero tampoco tenía muchas intenciones de luchar en contra de ello.

Solo, trataría de olvidarlo.

Ese día en la clase de Hagrid, Draco recibió como asignación el trabajar con un Hipogrifo; aceptó con determinación, pero la verdad era que—les había tomado algo de aprehensión a los animales después de lo que había pasado con Buckey hacía ya unos años. Draco se sentía algo fuera de lugar, pero si quería avanzar en sus asignaturas, necesitaba aprobar esta urgentemente.

“Draco, qué bueno que ya llegó, pase, Willy lo espera.”

Después de clase finalmente se encontraba a punto de conocer al objeto de su tormento. El joven, que ya contaba con dieciocho años recién cumplidos, caminó hasta el gigante Hagrid que estaba al lado del hipogrifo que le hizo retroceder unos cuántos pasos en lugar de avanzarlos; no es que fuera tan miedoso como antes, pero a las malas había aprendido a respetar lo que no conocía.

“Hagrid, perdona la tardanza Hermione—” el muchacho se detuvo en cuanto notó que Malfoy estaba allí.

“Oh! Harry! Que gusto que hayas podido llegar—recuerdas que te pedí ayuda a cambió de que no tuvieras que asistir a la clase durante lo que queda del curso y que aceptaste?” el chico asintió para luego cambiar su rostro por el puro pánico en cuanto Hagrid habló de nuevo, “el joven Malfoy será tu asignación, entonces.”

“Pero—” dijeron los dos al unísono, deteniéndose de igual manera al notarlo.

“En cuanto el Señor Malfoy pueda montar a Willy sin problemas, y eso significa que Willy lo acepte y q ue él venza el miedo—” Draco lo miró con furia mientras Hagrid le hablaba a Harry, “entonces él aprobará la asignatura y el que tú Harry, le enseñes como hacerlo hará que tu también la apruebes”

Los chicos intentaron decir algo, razonar con el otro, pero el pergamino que Hagrid les entregó con la firma del Director de la Escuela y de los directores de sus respectivas Casas de Magia, les hicieron desistir. Ahora si no había escapatoria para ellos.

 

* * *

 

Pese a las protestas de sus compañeros y amigos, el tablero estaba preparado y solo dependía de Harry y de Draco el mover las fichas. Ya habían pasado un par de semanas si ningún progreso a excepción de Harry, a quien Willy había aceptado casi de inmediato.

Ese día en particular, Draco se sentía de muy mal humor. Sus tareas iban peor, el Quidditch no mejoraba, su tiempo era cada vez más reducido y su ánimo estaba casi desaparecido; y para hacerlo todo peor, Harry había llegado radiante de la felicidad porque no–sabía qué pergamino para Snape había aprobado con una notoria calificación. Un momento, se dijo, ¿desde cuando le decía ‘Harry' y no ‘Potter'? Se quedó pensando por un buen rato sin encontrar respuesta alguna.

“Hey Draco! Draco!”

“Uh—”

¿Desde cuando él le decía Draco?

“Inténtalo de nuevo, verás—”

“¡Olvídalo Potter” dijo marcando el apellido del otro, “no te va a funcionar tu truco para aprobar esta clase, trata de ser amable con otro no conmigo!”

“Oh por Merlín, Malfoy!” Tienes que hacer esto o quedaré debiendo la asignatura—”

“¡Olvídalo!”

“¡Ah no—tu aprobarás esto, no me quedaré aquí todo el verano por tu culpa!”

En un impulso, Harry tomó a Draco de la mano, y casi arrastrándolo lo llevo hasta el Hipogrifo, lo haló tan fuerte al inclinarse frente al animal, que el otro casi muerde el polvo; Willy hizo la venia a su vez y les permitió montarlo; Harry adelante.

La mano de Draco seguía unida a la de Harry, su cuerpo tensándose al sentirlo tan cerca. ¿Por qué de pronto se sentía mareado al oler su cabello revuelto? ¿por qué no quería moverse hacía atrás para no tenerlo tan cerca? Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos en cuanto Willy se puso de pie y él tuvo que abrazarse al cuerpo del otro para no caer.

Harry por su parte, sintió un corrientazo pasar por su cuerpo cuando el otro le abrazó y la sensación fue mucho peor cuando al estar así, tan abrazados, pudo notar la respiración del otro en su cuello haciendo que su piel se erizara—y su olor—lo había tenido entre los brazos cada noche al abrazar su capa al irse a la cama; y él se dejó llevar por el momento.

“Tranquilo Draco, es divertido.” Dijo mientras giraba para verle y su rostro se quedaba a escasos centímetros del de Draco.

Draco sintió punzadas en su estómago al sentir ese rostro tan cerca; yu por un instante, quiso que esos labios se acercaran a los suyos.

Pero antes de poder atreverse a hacer algo, Willy tocaba piso y se detenía. Se encontraban en la otra orilla del lago cerca al Castillo. Draco se bajó a toda prisa buscando un lugar seguro lejos de Willy y de Harry. Así, se sentó en las raíces de un enorme y viejo árbol.

Harry lo vio caminar felinamente, dándose cuenta que le gustaba mucho verlo.

“Willy descansará un momento y podremos irnos—” pero antes de que pudiera seguir hablando, un torrencial aguacero comenzó a caer sobre el lugar y él tuvo que correr a refugiarse bajo el mismo árbol donde estaba Draco.

“¡Maldición!” dijo Malfoy al darse cuenta que estaba atrapado en ese lugar y lejos del Castillo. Unos minutos más tarde, ambos tiritaban del frío.

“Es inútil” exclamó Potter después de intentar sin ningún éxito , crear algo de fuego. Esa noche parecía que la magia no funcionaría.

“Draco—” empezó a decir, pero el rubio no le respondía; Harry se acercó un poco para encontrarse temblando sin remedio. “Por Merlín, ¿qué te pasa, Malfoy?”

El muchacho no respondió. Ni siquiera le miró; Harry pudo notar que los labios del otro empezaban a ponerse azules y que el temblor era cada vez mayor. “Draco” dijo de nuevo para ver cómo el otro se desmayaba enfrente suyo. Harry sólo acató a acercarse tomándolo entre sus brazos y apretándolo entre ellos, tratando de proporcionarle algo de calor.

 


 


Ariadne, 2005


 


"Regresar a Manga"
"Regresar al Inicio"