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Prompt de Dablin para mí

Exotic-Quiet-Street

El prompt que me dio Dablin:

Iba caminando y llorando, sentía que el mundo se le venía encima y no había un oasis donde refugiarse ni unos brazos fuertes que le cobijaran.

Tropezó por quinta vez y no fue capaz de sostenerse, sus rodillas dieron con el piso y su autoestima con el barro.

No sintió dolor, no alcanzó, porque alguien alcanzó a detener su caída.

—-

No se percató de quién había sido el extraño que le había ofrecido una sonrisa a medias mientras le ayudaba a recuperar el equilibrio. No se fijó en unos labios llenos y en la sonrisa calma que estos formaban. No se dio cuenta que esos ojos claros la miraban consternados.

Mucho menos se dio por enterada de su propio estado.

Se alejó de los brazos del hombre y continuó su camino en silencio. El mundo seguía apostado en sus hombros, aun no había llegado el Hércules que habría de alivianar su peso por un momento al menos.

En algún punto de su dolor, este se había convertido en un monótono compañero que sabía vivía y respiraba por su gracia pero a quien deseaba lejos y en ausencia. Las calles de la ciudad le parecían grises y sin un ápice de vida a pesar de que las personas parecían bullir por entre puertas y quizás ventanas que estaban por doquier y que ella desconocía.

Se llevó los brazos a la cintura, abrazándola. Sus pies debían estar sangrando de tanto que llevaba caminando sin parar. Su cuerpo se sentía ya frío de cuenta de su entumecimiento.

Se detuvo en las luces del semáforo en el cruce de la Avenida Benítez con Arévalo. Espero a que cambiaran, cuando alguien la tomó por el brazo y le hizo girarse.

El hombre se disculpó, explicándole que había sido él quien le había ayudado hacía unas calles y que quería asegurarse que estuviera bien. Respondió con una sonrisa llena de sarcasmo, diciendo que jamás había estado mejor a pesar de su cabello enmarañado que pretendía esconder detrás de su oreja, o de sus ropas rotas en las rodillas y sucias de sangre y lodo.

Él tomó su tarjeta de su bolsillo y se la ofreció, pidiéndole que le buscase si necesitaba ayuda. Levantó las manos derrotado y las puso sobre sus muslos un par de veces antes de darse la vuelta y continuar su propio camino.

Ella se quedó mirando la tarjeta con detenimiento para luego buscar la mancha de colores vivos que era el hombre que le había ayudado. En medio del gris de la ciudad, encontró esperanza en un desconocido que le ofreció ayuda por que sí.

Hacía mucho que no sonreía sintiéndolo desde el estómago y con agradecimiento. Cruzó la calle después de todo y al llegar al otro lado buscó entre sus bolsillos por su teléfono móvil. Aun tenía algo de batería.

—Hola, dijo algo apenada, —soy la mujer a quien le acabas de dar tu tarjeta… se giró mientras hablaba por teléfono, buscándolo de nuevo.

—Lo sé. —respondió él, levantando su mano, desde el otro lado de la calle.

 

 

Marge

Enero 15, 2mil14

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