Sin título

Sus pasos son silenciosos aunque su andar es contundente. Camina y se acomoda el chal sobre los hombros, alisa los pliegues de su falda que termina en la rodilla y no mira a su alrededor simplemente porque no le importa lo que puedan murmurar. Ya ha sido la comidilla de todos por muchos meses, y aunque en algún momento en el pasado eso la molestó, ahora no es más que un mal recuerdo. La lentitud en su ritmo ese día se debe a la anticipación de su encuentro. Va directo a verse con la persona que, si ha hecho algo en ella, es cambiarle la forma de ver al mundo.

Otra razón más para que no le importe lo que otros digan o piensen.

En su vida, solo existen ahora personas bellas que le han hecho entender la verdad de su propia realidad.

La calle continua en su bullicio mientras cruza la calzada. Sus zapatos de tacón alto resuenan en sinfonía con el ruido de los carros que van de un lado a otro y la algarabía de personas que van apuradas por la acera o que simplemente esperan por el chisme del día.

Ahora camina a paso más rápido, ha cruzado la calle y solo está a un par de casas. Su corazón late fuerte, parece querer salirse de su pecho, por eso se toma un par de segundos extra para abrir la mano y liberar las llaves que ha estado apretando desde que salió de su casa.

Al entrar, el lugar huele a paz y es cálido. Deja el llavero en la mesita junto a la puerta y su bolso cae precipitado en el mueble más cercano que encuentra. El único sonido es el de sus zapatos en el silencioso recinto.

Encuentra la puerta de la habitación principal abierta, y hay música sonando de un iPod que quedó encendido en una de esas canciones que tanto le gustan. Sonríe complacida. En un corto período de tiempo, él ha aprendido a conocer sus gustos, ha aliviado los pesares que cargaba en su corazón y le ha devuelto la sonrisa.

Se quita los zapatos sin prisas y deja caer la ropa a su lado, ya se ocupará de eso más tarde. Toma una banda y recoge su cabello en un moño a medias. Escucha el agua caer en la ducha y se dirige allá sigilosa.

Él sonríe en cuanto siente sus manos abrazarle por la espalda. Al girarse, sus ojos claros se reflejan en los oscuros de ella. Un beso sirve como bienvenida mientras el agua hace las veces de cómplice y único testigo.

Ella solo quiere preocuparse de ser una mujer enamorada y feliz. Se dará unas horas para reencontrarse con su amado, luego un poco de tiempo para sí misma y más tarde, cuando su hija regrese de la escuela, se dedicará a ella, harán tareas juntas mientras él prepara la cena y cuando sea el momento, la arropará en su cama para que descanse hasta el otro día, y luego se irán a descansar también.

Ciclos que se abren y cierran, pensó mientras le besaba de nuevo. Ciclos que renuevan y liberan.

Se dejó llevar por esos besos embriagantes.

Ya habrá tiempo para pensar después.

 

 

Enero 24, 2mil14

 

 

 

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