Inmortal (07-06-2009)

“Erase una vez un belga que amaba a su gitana”

Y una gitana cuya vida y cuya libertad eran un belga alto y fuerte como los robles y los alerces. Un hombre bueno de alma noble. Un ser que le dio libertad y amor y a quien ella no supo honrar como se merecía. Un belga con alma de árbol, antigua y arraigada a la tierra.

Un amor que fue luz y que fue vida. Que fue fecundo en sus almas y en el tiempo. Un sentimiento que les unió desde la carne y que luego les permitió encontrarse para unirse de nuevo, esta vez desde las almas.

Erase una vez, una gitana cuyo ser comenzó y terminó con un belga de ojos cristalinos y puros. Que lo amó con el impetú de su espíritu y con la honestidad de sus labios. Que le buscó y lo hizo suyo, porque no había otra manera; porque Dios se lo había puesto en su camino para que viera su rostro en él y le amara con todas las fuerzas de su corazón.

Erase una vez, un par de belgas por adopción que encontraron el paraíso en un instante de eternidad que la Divinidad les ofreció. Que se amaron y lo siguen haciendo, aunque ya no sean belgas ni estén juntos en la carne. Aunque un ancho río pase por el medio y cada quién esté en una orilla diferente.

 

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A veces me pregunto qué pasa que he escrito tan poco en los últimos meses…quiero decir, en el último año…hace poco encontré esto, tiene que ver con una historia que escribí en inglés, en una antología que empezó hace mucho tiempo y que por miedo no se terminó antes; pero ahora, al redescubrirlo, me di cuenta que no sólo ya no hay temor a escribir…es también la hora de terminar lo que está sin acabar. Y ese prospecto es…emocionante.

(Abril 28/12)

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