El nano… de nuevo

Avanzo, me devuelvo… sufro por el conteo de palabras; sufro por la trama. Me enamoro de las 4 mujeres que estoy escribiendo y me veo en ellas, pero también veo a mis hermanas, a mis madres, a mis tías tías, a mis amigas en ellas. Todas tienen un pedacito mío y de ellas. Es raro, pero maravilloso. Las otras… bueno, son las otras… me ayudan, me antagonizan. Sólo espero que la historia de verdad atrape.

He tenido la sensación por momentos de que no podré lograr llegar a las 50,000 palabras, pero vamos, que ya voy en 41mil y algo y no voy a rendirme ahora. Esperemos que pueda concentrarme.

Llevo como dos  o tres días con una crisis de escritoria que no puedo con ella. Pero ja! Tomé mi DVD de Finding Neverland y recordé que Juan Carlos me la regaló para los días en que sintiera que no servía para escribir. Él me decía que era para que recordara que no puedo rendirme y dejar algo que me apasiona y que soy buena en esto de escribir.  Esto es algo por lo que siempre estaré agradecida. Fue su manera de apoyarme —creo— y me dio pie para encontrar mi propia Tierra del Nunca Jamás. De nuevo lloré con Mr. Barrie y los niños Llewelyn-Davies y he recordado que esto me gusta más de lo que lo acepto y que el susto no tiene por qué vencerme.

A estas altura nada debería hacerlo, ¿no?

En fin, que hay que seguir con la historia. Serán 50,000 palabras para el martes, (espero que sean más), y a partir de ahí, hay que terminar la historia. Apenas sí voy en la mitad.

Facebooktwittergoogle_pluspinterest

Leave a Reply