El Lado Oscuro de la Luna

Veamos, este fue el texto que escribí para el Nanowrimo de 2010. No puedo creer que haya pasado tanto tiempo y yo no haya movido esto hacia su final. Me he puesto tantos peros para terminarlo, que creo que es hora de dejar de hacerlo. Siempre me lleno de miedos para terminar lo que inicio en mi escritura y creo que es hora de hacerlo.

Es por eso que he decidido retomar mi website, que lo he tenido muy abandonado y lo he usado para otros subdominios,  pero es hora de que sea mío de nuevo y esta historia encuentre su final, cualquiera que este sea.

El Lado Oscuro de la Luna,   (<— Link)  es finalmente alojado en mi Laberinto, y que los Dioses me ayuden a llevarlo a buen término.

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Microrelatos

Cada que la veía mover sus caderas al caminar, el corazón le bailaba al unísono y la seguía por las calles de la ilusión.

 

sprt

 

El agua en frente suyo era un pecado ondulante que le tentaba impetuosa y descaradamente.

 

Marge – Nov 12 2mil14

 

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Poem

For many lives

I’ve searched,

I’ve looked for,

I’ve sought.

 

For many lives

I’ve defied,

I’ve battled,

I’ve dared.

 

For many lives

I’ve cared,

I’ve adored,

I’ve loved.

 

 

July 28, 2thousand14

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Que mejor razón para escribir de nuevo.

Es algo pequeño, pero quiero celebrar el cumpleaños de mi amiga. Que vengan muchos mas!!

Si humanos o hadas…

 

 

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Aun sin saber nombrar mis historias


Sin título

Tengo pedacitos de historias comenzadas y sin terminar por todos lados. Sin embargo, hoy terminé una. Fue inspirada por alguien que conocí en barcos pero no tiene nada que ver con la vida en ellos.

Se siente bien poder hacer esto 🙂

 

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Prompt de Dablin para mí

Exotic-Quiet-Street

El prompt que me dio Dablin:

Iba caminando y llorando, sentía que el mundo se le venía encima y no había un oasis donde refugiarse ni unos brazos fuertes que le cobijaran.

Tropezó por quinta vez y no fue capaz de sostenerse, sus rodillas dieron con el piso y su autoestima con el barro.

No sintió dolor, no alcanzó, porque alguien alcanzó a detener su caída.

—-

No se percató de quién había sido el extraño que le había ofrecido una sonrisa a medias mientras le ayudaba a recuperar el equilibrio. No se fijó en unos labios llenos y en la sonrisa calma que estos formaban. No se dio cuenta que esos ojos claros la miraban consternados.

Mucho menos se dio por enterada de su propio estado.

Se alejó de los brazos del hombre y continuó su camino en silencio. El mundo seguía apostado en sus hombros, aun no había llegado el Hércules que habría de alivianar su peso por un momento al menos.

En algún punto de su dolor, este se había convertido en un monótono compañero que sabía vivía y respiraba por su gracia pero a quien deseaba lejos y en ausencia. Las calles de la ciudad le parecían grises y sin un ápice de vida a pesar de que las personas parecían bullir por entre puertas y quizás ventanas que estaban por doquier y que ella desconocía.

Se llevó los brazos a la cintura, abrazándola. Sus pies debían estar sangrando de tanto que llevaba caminando sin parar. Su cuerpo se sentía ya frío de cuenta de su entumecimiento.

Se detuvo en las luces del semáforo en el cruce de la Avenida Benítez con Arévalo. Espero a que cambiaran, cuando alguien la tomó por el brazo y le hizo girarse.

El hombre se disculpó, explicándole que había sido él quien le había ayudado hacía unas calles y que quería asegurarse que estuviera bien. Respondió con una sonrisa llena de sarcasmo, diciendo que jamás había estado mejor a pesar de su cabello enmarañado que pretendía esconder detrás de su oreja, o de sus ropas rotas en las rodillas y sucias de sangre y lodo.

Él tomó su tarjeta de su bolsillo y se la ofreció, pidiéndole que le buscase si necesitaba ayuda. Levantó las manos derrotado y las puso sobre sus muslos un par de veces antes de darse la vuelta y continuar su propio camino.

Ella se quedó mirando la tarjeta con detenimiento para luego buscar la mancha de colores vivos que era el hombre que le había ayudado. En medio del gris de la ciudad, encontró esperanza en un desconocido que le ofreció ayuda por que sí.

Hacía mucho que no sonreía sintiéndolo desde el estómago y con agradecimiento. Cruzó la calle después de todo y al llegar al otro lado buscó entre sus bolsillos por su teléfono móvil. Aun tenía algo de batería.

—Hola, dijo algo apenada, —soy la mujer a quien le acabas de dar tu tarjeta… se giró mientras hablaba por teléfono, buscándolo de nuevo.

—Lo sé. —respondió él, levantando su mano, desde el otro lado de la calle.

 

 

Marge

Enero 15, 2mil14

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Prompt about books from Cygny

 

beast_libraryThe bookstore was enormous for a place that didn’t look so big from outside. However, as soon as she walked in, she felt as if she was Beauty admiring the Beast’s library for the first time, like in her kids’ movie last weekend. She smiled to herself, feeling silly. Books had never really been something she truly enjoyed; books had been tools to learn from, to allow her children to play with.

However this place, it felt as if she was home, making her feel happy and exhilarated. There were all kinds of books, new on a table, waiting to be cataloged, old ones on shelves incredibly clean and apparently in good conditions. She walked around, observing covers in every colour and material. She tentatively touched some, feeling a slight tingle in her fingertips as an invitation from a book or two for her to choose them and read them.

The woman smiled widely even though no one was around to see her. It was definitely something new and she’d have to thank her brother-in-law later on for having dared her to go to this place and find something to read. She knew the girl at the entrance would be willing to help her pick something, but she wanted the book to call on to her.

One more round, she told herself and walked towards the books at the end of the store. James Joyce’s Ulysses caught her attention. She remembered a friend had once told her that book could only be read after you’re forty and she had just turned that a few months back.

Another big smile told her it was the right choice and she took the book under her arm.

It was an old edition, the girl was telling her, and since mice had been having it as a meal in the past, the price was laughable. The woman didn’t really care. She was excited.

She walked out of the bookstore, for the first time, she wanted to make hot cocoa, get in her old sweat pants and sweater and sit in her couch by the windowsill and just read away.

Lovely, she said to herself, her newest adventure was about to begin and she couldn’t wait to getting started.

 

 

Marge

January 11, two thousand fourteen

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*Propmts*

After a couple of months of not touching any writing except to move it from one place to the other (and the Sesa for Xmas doesn’t enter this category), I’ve realised that I need some practice before venturing back with my works in progress…so…if you’re reading this, please leave a comment with a prompt and I’ll write something inspired by it. It can be a vignette, a drabble or a whole short story. We’ll see where your prompt leads me.

So, what say you?

~ ~ ~ ~ ~ ~

Después de un par de meses de no tocar mis escritos más que para moverlos de un lugar a otro ( y del hecho de que el Sesa para Navidad no cuenta), me he dado cuenta que necesito algo de práctica antes de intentar retomar mis trabajos por terminar, es por eso que si estás leyendo esto, te pido que dejes un comentario con una palabra y escribiré algo inspirada por ella. Puede ser una viñeta, un drabble o una historia corta completa. Ya veremos a donde me lleva tu palabra.

Así que…¿qué se te ocurre?

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Poema

Mi pasión se desboca en gritos silenciosos
se desnuda en el desgarro de mi pena

Mi pasión se acalla en las palabras que no se han dicho,
se desarma y se desencanta,
se deshace y se encadena

Mi pasión se enreda en mis cabellos al viento
en las voces que no pueden nombrar el dolor que crece dentro
en los silencios y en lo no dicho
en el camino andando y desandado que nada me ha dejado.

 

29/04/2013

———

 

Las cosas que uno se encuentra cuando mira papeles olvidados…

 

 

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Rain

Whenever it rains, it means it’s time to celebrate. Celia picks her child up; she makes him wrap his tiny legs around her waist and he clings to the left side of her body as she rushes inside the kitchen. She sets the water to boil and pours some coffee in it. It brews slowly and she smiles as the smell spreads all over the small house. She sighs resigned when her baby cries; she coos him, trying to make him stop. She succeeds.

Her husband is long gone to the fields. He didn’t have anything to eat before leaving—as usual­—but he’ll be back soon, she mused; and then, they’ll have some meat and the four of them, yes, even their unborn son—or daughter—will last for a little longer. They will grow old and strong and their family will always be together. They will be fine.

The coffee is finally ready. She pours some in a cup and tastes it. She looks for the chocolate she made powder during the last moon and takes a pinch of it, putting it on her coffee. She inhales the steam coming from her cup and smiles.

Outside, the rain keeps falling and yet she feels warm thanks to her baby next to her and her drink in her hand. It has been raining since the night before. Their hearts have been filled with joy by such a simple act. She knew that by now, the other women in the village must be getting ready to meet at the main square and dance in celebration. Celia reprimands herself; she must be getting ready as well.

It will be a good year, after all.

 

 

June 11, 2thousand11

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